|
Muy amado hermano pastor:
Nuevamente he vuelto a recibir noticias suyas. Nuevamente ha vuelto a abrir su corazón ante mis ojos por medio de una carta. Y yo la he leído ávidamente aunque, debo confesarlo, no sin mucha preocupación. Puedo percibir cómo está tratando el Señor con su corazón y mucho me temo que no pueda resistir usted el tratamiento divino. Temo que el corte de algunas ramas precipitadas a tierra por la eterna sabiduría del Labrador Celestial, y la forma cómo este lo hace, sean eventos cuyos fines puedan no ser comprendidos por usted que atraviesa una etapa de crucial crecimiento.
Por eso, vuelvo a escribirle con la esperanza de ayudarle a transitar la senda de preparación divina. Y lo hago también con mucho cuidado sabiendo que Dios está tratando directamente con su vida. No seré yo quien interfiera tan sagrado tratamiento, conociendo, sobre todo, que Dios es celoso en el trato con Sus siervos.
Por eso, he orado y le he pedido a Él que me conceda la gracia de poder escribirle a usted las palabras que puedan alentarlo en este momento...

|